feb 12

El otro día pasé con un par de colegas por el Corte Inglés de la Carretera de la Virgen. Cuando acabamos de comprar algunas cosas súper-fashion, subiendo las escaleras, an unknown bastard me hizo una zancadilla y estuve a punto de caerme de boca.

- “Llevaba con el pie puesto desde que empezaste a correr, si no lo has visto es tu culpa”.

El caso es que me contuve y hasta medio le reí la gracia. Entonces me di cuenta de lo guapísimo que estaría liarse a palos de forma espectacular en el Corte Inglés, algo del rollo películas de chinos.

En general, soy un tío bastante pacífico y siempre que puedo evito la violencia. Pero pienso en un grupo de notas haciendo patadas voladoras y saltos mortales, atacándose con todo lo que hay en la planta baja del Corte Inglés (percheros, cinturones, productos de belleza, cajas de condones, botes de colonia, azafatas, joyas), destruyendo todo a su alrededor, espantando a la gente (o asombrándolos, según se dé el caso) y sembrando el caos absoluto, y es que los ojos me hacen chiribitas. De repente, y sin que a nadie le dé tiempo a reaccionar, salen corriendo del mar de productos destrozados en que han convertido la puta planta 0 del Corte Inglés, para confundirse entre la multitud y no ser vistos nunca jamás. Instantes después, se desata el pillaje entre pijos, seguratas, gente que cruzaba entre la Acera del Darro y la Carrera, y señoritas septuagenarias con abrigos de visón, acompañadas de sus respectivos pagafantas-ya-jubilados. También se acercan los mimos y los fieles de la Virgen.

Ayer se lo conté a mis padres a la hora de comer. No sabía que una madre podría mirar a su hijo con cara de desprecio.

El caso es que Adri me recordó el otro día que esta Navidad, en EEUU, un grupo de gente entró disfrazada de Papá Noel en un centro comercial y una vez dentro, lucharon espectacularmente, destruyendo todo cuanto encontraron a su paso, y luego se ocultaron entre la gente. Nadie podía saber quiénes habían cometido ese “terrible acto de terrorismo ab-so-lu-ta-men-te in-jus-ti-fi-ca-do“, porque el centro estaba a rebosar de gente, y había bastantes personajes disfrazados de Santa. El caso es que no encuentro la noticia, pero la enlazaría aquí mismo. ¿No os parece genial? De todas formas, este caso plantea un pequeño problema ético, y es que, si fue en un centro comercial, posiblemente perjudicaron a pequeños comerciantes. Pero en el Corte Inglés no sería para tanto, es una empresa muy cabrona que está forrada.

Sigo estudiando PD.